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EL PAPA AL FÓRUM

noviembre 6, 2010

Nos ha llegado este interesante texto que anda rulando por las calles de Barcelona…

El Papa llega a nuestro barrio para supuestamente bendecir a la iglesia de la Sagrada Familia, pero en realidad llega para a bendecir a la Sagrada Familia en su gloria actual… Como destino turístico.

Barcelona ya hace tiempo que ha inaugurado su industria de facto, el turismo, y en tiempos de crisis, cuando es menos la gente que viene a ver (y gastar), la industria necesita un empuje, un espectáculo.  Cuando los recortes sociales son la tónica del día vemos que la administración pública encuentra dinero por milagro para dar la bienvenida su santidad. Con la llegada del Papa el control policial va en aumento, calles cortadas, pisos controlados, documentos comprobados. El mismo Hereu nos suplica a ser buenas chicas y chicos para el Papa. Porque las calles de la ciudad son un escaparate grande para pasear y un sitio para comprar pero no para vivir.

En Papa no es nada mas que una celebridad que viene a traer su espectáculo, esto si, una celebridad muy adecuada, porque no van a inaugurar la Sagrada Familia con la Madonna (nos referimos a la cantante pop) sino con alguien que nos recuerda que la iglesia católica tenía poder importante. Que las iglesias eran centros de poder, no como hoy, donde son simplemente otros sitios para hacerse una foto, un mero fondo de la verdadera actividad: el consumo turístico. Gaudí, las catedrales, o su inquisición, tú puedes elegir! Éste es el mensaje del turismo: Siempre mirando hacia atrás, pero nunca al vacío que nos rodea. Nunca fijándose al precipicio a que nos empuja el capitalismo. Si trabajas y callas, tendrás tu recompensa, puedes ir a visitar las glorias de la cultura europea por unas semanas al año.

Pero no queremos que nos se entienda mal, nuestra lucha no es para defender el laicismo frente el privilegio de la iglesia católica, sino defender todas las libertades y atacar todos los privilegios. Ni dios, ni amo.

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El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre. Y ciertamente la religión es conciencia de sí y de la propia dignidad, como las puede tener el hombre que todavía no se ha ganado a sí mismo o bien ya se ha vuelto a perder. Pero el hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es su propio mundo, Estado, sociedad; Estado y sociedad, que producen la religión, [como] conciencia tergiversada del mundo, porque ellos son un mundo al revés. La religión es la teoría universal de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica popularizada, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento de solemnidad, la razón general que la consuela y justifica. Es la realización fantástica del ser humano, puesto que el ser humano carece de verdadera realidad. Por tanto, la lucha contra la religión es indirectamente una lucha contra ese mundo al que le da su aroma espiritual.
La miseria religiosa es a un tiempo expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. La religión es la queja de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del pueblo.
La superación de la religión como felicidad ilusoria del pueblo es la exigencia de que éste sea realmente feliz. La exigencia de que el pueblo se deje de ilusiones es la exigencia de que abandone un estado de cosas que las necesita. La crítica de la religión es ya, por tanto, implícitamente la crítica del valle de lágrimas, santificado por la religión.
La crítica le ha quitado a la cadena sus imaginarias flores, no para que el hombre la lleve sin fantasía ni consuelo, sino para que arroje la cadena y tome la verdadera flor. La crítica de la religión desengaña al hombre, para que piense, actúe, dé forma a su realidad como un hombre desengañado, que entra en razón; para que gire en torno de sí mismo y por tanto en torno a su sol real. La religión no es más que el sol ilusorio, pues se mueve alrededor del hombre hasta que éste se empiece a mover alrededor de sí mismo.
Carlos Marx

Subproducto de la circulación de mercancías, la circulación humana considerada como un consumo, el turismo, se reduce fundamentalmente al ocio de ir a ver aquello que ha llegado a ser banal. La organización económica de la frecuentación de lugares diferentes es ya por sí misma la garantía de su equivalencia. La misma modernización que ha retirado del viaje el tiempo le ha retirado también la realidad del espacio.
Guy Debord

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